Horribles relatos de una mente sin remedio: Explicitos
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sábado, 27 de febrero de 2010

El Enviado de Dios (pintura)




El Enviado de Dios
75 x 55 cm. (aprox.)
Acrilico sobre tela
Expresionista, esta pintura esta inspirada en los mismos hechos del relato con el mismo nombre, la cruz a su espalda y sobre su cuello es el simbolismo del credo usado por el propio asesino, en la parte azul, estan las almas que "salvo", las cuales, al morir, son las mismas que le atormentan y le condenan, en su mano el arma a medias por no haber podido terminar su cometido y en su cuerpo, sus costillas expuestas para representar su propia mortalidad y decadencia.
Vale aclarar que el relato ya lo habia publicado anteriormente pero lo vuelvo a subir solo para hacerlo coincidir con la pintura y asi darles un mayor sentido a ambos.
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viernes, 12 de febrero de 2010

El Pacto (Parte 1)






























Nota del Autor: Esta historia puede tomarse como un Epilogo o si se quiere una continuacion de la serie de Casa Barrios


Diego, un joven de 25 años, vivía una vida despreocupada y totalmente egoísta, mas que libertad, lo había convertido en libertinaje. Parecía no tener ningún propósito en la vida mas que asistir a cuanta fiesta y discoteca fuera posible. El dinero no le era problema, tenia lo suficiente como para vivir esta y otras dos vidas mas, era uno de los herederos de la fortuna de su tío abuelo Bruno Barrios, la cual incluía una hermosa casa apodada Casa Barrios y una vieja fabrica que aun producía mucho dinero, pero el dinero producto de la venta de su parte de la fabrica le interesaba mas. Esto ultimo, sumado al dinero heredado, era una verdadera fortuna.
Diego era un tipo vanidoso, individualista y mezquino, no hacia nada que no fuere para propio beneficio. Su porte superficial y egoísta le atraía a personas similares a quienes el apenas podía llamar sus “amigos”. Siempre estuvo rodeado de gente, pero en realidad, desde que se separo de sus padres, siempre había estado solo. El objetivo de cada fiesta era tener una conquista nueva, Diego elegía siempre una mujer atractiva, pues a decir verdad el también lo era, se pasaba la noche entera seduciendo mujeres alardeando de sus riquezas y buen físico, prometiéndoles este mundo y el otro. La mayoría de veces funcionaba, y terminaba la noche en su apartamento o algún lujoso hotel cercano compartiendo la cama con su nueva conquista. A diego le gustaba tomar fotografías durante la noche, las guardaba como un trofeo. Pero siempre, al amanecer, la actitud de Diego hacia sus doncellas cambiaba drásticamente y las desechaba como a un trapo sucio
. En su mente una mujer era solo eso, objetos que están a su disposición para usarlas cada vez que a él se le antoje. Había vivido así durante algunos años y no tenia la mínima intención de cambiar ese estilo de vida.
Una noche, se encontraba celebrando juntos con sus amigos su cumpleaños numero 26, como era habitual, se encontraba con sus plásticos amigos en una estruendosa fiesta, cualquier excusa era suficiente como para armar escándalo como aquel, para Diego, no era nada nuevo. Pero esa noche, lejos de su cotidiana jovialidad y despreocupación por la vida, se le notaba pensativo, casi ido, parecía no disfrutar la noche como siempre lo hacia. Sus amigos ni siquiera lo notaron, y mientras se encontraba cavilando con la mirada perdida en el espacio, una chica se le acerco y le susurró al oído: “sopla las velas y pide un deseo”; Diego, sin ver atrás, se levanto de la silla donde se encontraba, soplo las velas y en su mente, pidió su deseo: juventud eterna. Hecho esto, sus amigos comenzaron en un frenesí fiestero, cada uno ocupándose de lo propio. El licor fluía por montones, el humo de los cigarrillos enturbiaba el aire que se encontraba ya denso por la bulliciosa noche. Todos habían dejado de lado al festejado, cada uno ocupado en buscar la conquista de la noche.
Diego se encontraba solo, y por primera vez parecía estar meditando sobre su futuro, dirigió la mirada hacia la pista de baile, y ahí, en medio de la multitud danzante, se encontraba una bella mujer simplemente inmóvil, que lo observaba fijamente con una mirada coqueta; pero él se mostro indiferente y casi desinteresado, bajo su mirada al piso por un momento y cuando la levanto nuevamente, se sorprendió al ver aquella hermosa joven parada justo frente a él. Había atravesado la pista de baile y la multitud que no cesaba de moverse, todo en solo un instante; pero el asombro duro poco, pues la belleza de la joven era cautivante, era tan bella como misteriosa, su cuerpo era escultural, morena de pelo castaño rizado, ojos verdes y ropa tan provocativa que no dejaba mucho a la imaginación. Parecía ser una modelo de revista, simplemente era la mujer mas hermosa que Diego alguna vez vio. Ella se le acerco y se sentó a su lado, poco tiempo paso antes que la conversación amistosa e inocente, se volviera un juego de seducción y coqueteos. Era algo extraño, pues siempre el seductor era él. Como era de esperarse, aquella noche terminaría en un derroche de sexo y lujuria, tanto o mas a las que Diego acostumbraba.
Si bien la noche había acontecido de maravilla, la mañana siguiente algo era diferente. Diego se encontraba solo en la cama, su misteriosa y bella acompañante ya no estaba a su lado, esta vez, él había sido el objeto utilizado y desechado. Intrigado y aturdido por un fuerte dolor de cabeza producto de la noche anterior, se levanto de la cama en busca de la hermosa joven, de la cual no conocía ni su nombre. Tras una corta e infructífera búsqueda, se dirigió al baño para asearse, y fue ahí donde encontró el mensaje que cambiaria su vida completamente. En el espejo del baño, escrito con lápiz labial color rojo escarlata, el mensaje decía: “Bienvenido al mundo del SIDA. Bienvenido al Infierno. Si quieres una segunda oportunidad, llama a mi padre 2999 – 1666”. Diego se quedo incrédulo ante aquel siniestro mensaje, no podría creerlo, será una de esas historias que solo le suceden al amigo de un amigo y que todos saben que nunca son ciertas. Pero para él, esa era su nueva verdad. Ese mismo día se hizo analizar de VIH, el análisis dio negativo. Diego respiro con alivio, estaba convencido que aquello había sido una muy pesada broma de mal gusto, cometida quizá, por alguno de sus amigos. No le dio mayor importancia a aquel acontecimiento, lo cual después de algunas semanas paso a formar parte del olvido.
Más de un año había pasado, y Diego se encontraba ingresado en un hospital debido a una simple gripe que se había vuelto una seria neumonía. Entre los análisis que le hacían estaba también el de VIH; para asegurarse de los resultados, los habían hecho tres veces; en las tres, el resultado era siempre el mismo: positivo. Diego se sentía destrozado completamente, su mundo tal y como el lo conocía se le venia abajo, recordó con ira aquella joven, la causante de su sufrimiento, la maldijo una y otra vez, le costaba trabajo creer que le estaba sucediendo a él, iba a morir.
Solo, postrado en la cama de aquel lánguido hospital, en medio de tantos lamentos y maldiciones, recordó aquel numero, ¿Cómo podría tener una segunda oportunidad al llamar al padre de aquella joven?, ¿Cómo?; no lo sabia, pero no tenia nada que perder al intentarlo. Saco su teléfono y comenzó a llamar a aquel numero… no sabia que esperar, pero al menos quería saber quien era la causante de su desgracia. Una voz grave, casi inhumana contesto del otro lado de la línea:
- Hola Diego, he estado esperando tu llamada, se que quieres una segunda oportunidad.
- Pero, quien es usted? Como sabe que soy yo quien le esta llamando?
- Yo lo se todo, yo soy tu verdadero salvador, puedo ofrecerte lo que tu desees, solo tienes que pedírmelo
- No me vengas con eso por favor, no estoy para bromas, así que si no tienes nada mejor que decirme entonces…
- Muy bien Diego, entonces te veré en tus sueños…



La llamada se corto en ese momento. Diego intento llamar nuevamente pero la línea siempre aparecía ocupada. No le presto mayor importancia al asunto y dejo el teléfono de lado. A medida que la noche se acentuaba, el sueño también lo hacia, no paso mucho tiempo antes que él se quedara dormido, era un sueño tan profundo, casi como una posesión, parecía que su mente se liberaba de su cuerpo y se comenzó a elevar…
Aquello mas que un sueño parecía ser una visión, el enigmático personaje del otro lado del teléfono estaba cumpliendo su promesa a cabalidad, ahora estaba visitando a Diego dentro de sus sueños. Ambos se encontraban en un vacio total, Diego se sentía muy lucido, sabia que no era solo un sueño, y aquel personaje se encontraba justo frente a él. Pero a pesar de la cercanía era imposible vislumbrar rasgo alguno. El ente se encontraba rodeado por una densa niebla oscura que solo dejaba entre ver una sombría silueta. Aquella sepulcral voz no se hizo esperar:
- Estoy aquí, como te lo prometí – dijo aquel extraño e inquietante ser –
- ¿Qué quieres de mi? ¿Por qué estoy pasando todo esto?
- Quiero darte la oportunidad de tu vida, puedo concederte todo lo que desees, solo tienes que pedírmelo.
- ¿Todo? ¿cualquier cosa? – pregunto Diego asombrado - ¿Dónde esta la trampa? ¿Qué es lo que tengo que darte a cambio? ¿acaso deseas mi alma?
- Son muchas preguntas, pero todo depende de lo que desees y de la cantidad de tus deseos, cuanto mas me pidas, mayor será el precio – dijo aquella fantasmal figura casi escondiendo una sonrisa.

Diego pensó en la propuesta hecha por un momento, ya había escuchado anteriormente sobre quienes hacen un pacto y al final terminan perdiendo sus almas; no es que creyera en esas banalidades, pero la verdad no quería arriesgarse. Siempre se creyó ser alguien muy listo, así que quería salir más que beneficiado de esta situación. Lo medito por un momento, y luego negoció con su espectral acompañante:

- Solo quiero tres deseos – Dijo con seguridad.
- Dímelos y yo te diré el precio a pagar – Susurraba ansiosa aquella voz
- Estas son mis peticiones:
1. Quiero tener vida eterna, no envejecer, ser bello y tener mi hermoso cuerpo de 25 años eternamente.
2. Deseo tener el suficiente dinero como para derrocharlo en lo que yo quiera, sin nunca tener la necesidad de trabajar ni tener que preocuparme por la procedencia o la falta de éste.
3. Deseo que nadie, sin excepción alguna, pueda ser dueño o dueña de mi alma, la cual me pertenecerá a mi solamente y a ningún otro ser que no sea yo, y eso te incluye a ti especialmente.
Estos son mis deseos, ahora dime tu precio.
- Así que nunca podre tener tu alma?, Esta bien, son tres deseos y el precio que tendrás que pagar son tres almas, pero no almas cualquieras, quiero tres almas que hayan sido torturadas por ti hasta morir.
- ¿Quieres que yo torture a tres personas?
- Que sean los tres que tu quieras, no me importa, y para facilitar tu tarea, tendrás salud y gozaras de mi impunidad, sin importar el crimen que cometas, nunca nadie te podrá culpar por ello. ¿tenemos un trato?
- Trato – dijo Diego tras pensarlo un momento.
Aquella niebla comenzó a enturbiarse aun más y a moverse en forma arremolinada haciéndose mas grande, la voz en su interior resonaba con estrepito:
- Tendrás exactamente 30 días de salud e impunidad, deberás cumplir tu cometido en ese lapso, luego de eso morirás, y si no has cumplido tu me pertenecerás eternamente.

Risas escalofriantes inundaban aquel lugar. Diego se alejaba flotando rápidamente hasta caer nuevamente en su propio cuerpo. En ese momento despertó sintiéndose mucho mejor, sabia que no había sido solo un sueño y ahora, sabia perfectamente lo que tenia que hacer.

El Pacto (Parte 2)



Uno a uno los días pasaban lenta e inexorablemente. Diego no dejaba de pensar en cómo llevar a cabo su parte del trato. No es que temiera de la idea de torturar y matar a otra persona, al contrario, pues siempre le había intrigado tener semejante poder sobre alguien. El problema en sí era que la oportunidad no se presentaba, hasta que llegó aquella noche de viernes, una en la que su conquista habitual seria para mucho más que un momento placer carnal.
Sabía que sería difícil cumplir su objetivo en su apartamento, donde las paredes nunca eran tan gruesas como para acallar los ruidos y al estar rodeado de tantos vecinos entrometidos, su labro seria simplemente imposible. Pero oportunamente se recordó de aquella vieja propiedad, Casa Barrios, la herencia olvidada de su tío abuelo Bruno. Deshabitada desde hacía varios años, era visitada únicamente por la encargada del mantenimiento del lugar, visita que podía ser interrumpida fácilmente.
Diego no lo dudó y acudió con su víctima al lugar. Después de su habitual tributo de sexo, sometió a su víctima y la llevó al sótano, el cual, al ser tan profundo y aislado, se hacía casi a prueba de sonido, parecía estar hecho para este tipo de situaciones, simplemente era el lugar perfecto. Dejó a la chica ahí, atada fuertemente a una silla de pies y manos mientras planeaba su funesto destino. Diego daba vueltas y vueltas a su cabeza, los enérgicos gritos de aquella infeliz en suplicas de su liberación se escuchaban como música de fondo, no paso mucho tiempo para que Diego se hartara de esos chillantes alaridos. Se acercó a ella y sin ninguna muestra de emoción comenzó a golpearla repetidamente, casi a punto de hacerla desfallecer. Luego, cuando los golpes la habían dejado casi inmóvil, cosió su boca para asegurarse de no volver a escuchar aquellos ensordecedores alaridos nuevamente. Hecho esto, se percató de un par de tijeras podadoras que se encontraban en el lugar, era como si alguien las hubiera dejado ahí para él, una voz en su interior le dijo: “úsalas”, las tomó y sin titubear, comenzó a amputarle los dedos de las manos de la joven, los cortaba uno a uno, causándole un dolor insufrible, la chica desesperada, se olvido totalmente de los hilos que cosían su boca e intento gritar tan fuerte como pudo, pero al hacerlo, lo único que logro fue rasgarse los labios, logró abrir su boca pero el hilo no cedió, pero sus labios si lo hicieron.
Retazos de piel y tejido que antes eran sus carnosos labios, colgaban de su boca, de sus mutiladas manos fluía una enorme cantidad de sangre, se encontraba inmóvil, abrumada de tanto dolor. Luego, en un acto que no era más que maldad pura, Diego tomó un mechero de llama alta, y tras asegurar muy bien aquellos despojos de manos, comenzó a quemar hasta casi carbonizar una a una las diez heridas donde antes se hallaban sus dedos. La joven, con la boca y manos mutiladas, simplemente no era capaz de soportar aquel sufrimiento, su cuerpo intentaba apagarse perdiendo el conocimiento momentáneamente, recuperándolo solamente cuando Diego la golpeaba con el fin de hacerla reaccionar para que presenciara otro grotesco acto por parte de su captor: Diego tomo los diez dedos amputados, y comenzó a cocinarlos en aceite y especias en una pequeña cocina que estratégicamente se encontraba en el lugar, los cocino hasta freírlos en su totalidad. Los sirvió en un plato con sus respectivos aderezos y comenzó a comerlos, saboreándolos lentamente frente a la joven, los devoraba hasta los huesos, parecía en verdad disfrutar de aquel despreciable manjar.
Primero la había obligado a verlo comer, pero luego, al percatarse que es de mala educación el comer sin invitar a otro, le pidió que abriera la boca, pero al negarse la joven, le arrancó los trozos de labios que le colgaban y no conforme con eso, la golpeo hasta fracturarle algunos dientes, para luego obligarla a comerse sus propios dedos. La joven estaba a punto de sucumbir, le rogaba a su verdugo por su muerte, en cambio, Diego tomó nuevamente el mechero colocándolo entre las piernas de la joven, encendió la llama a potencia media arrancándole de inmediato insufribles alaridos de dolor, su piel se contraía a consecuencia del fuego, mostrando la carne al perfecto color rojo carmesí que se ennegrecía lentamente al calor de la llama, la grasa corporal que emergía no hacía más que avivar la llama llegando a quemar y carbonizar el área hasta que la sangre no fluía mas.
La garganta de la joven ya había excedido su límite, totalmente desgarrada solo abría la desfigurada boca sin poder ya emitir sonido alguno, mientras Diego seguía quemando pequeñas porciones de su cuerpo en un patrón arbitrario. No pasó más de una hora antes que ella dejara de moverse, al fin la muerte la acogía. Dieciséis horas de tortura habían pasado, Diego ni siquiera supo su nombre, realmente nunca le importó, lo único importante es que ya había cumplido con su primer objetivo, y en realidad, lo había disfrutado mucho más de lo que alguna vez se imaginó. Comenzó a cavar una fosa en el sótano para sepultar aquel cuerpo repugnante y desfigurado, ahora solo necesita dos almas más.
Dos días pasaron antes que el verdugo eligiera su próxima víctima. El procedimiento era el mismo, una bella joven era seducida nuevamente por el galán para la ritual noche de sexo y lujuria. Esta vez, Diego se tomo la molestia de conocer el nombre de su víctima. Ángela fue igualmente sometida como su antecesora, atada de manos y pies a la misma silla metálica, fue dejada encerrada en aquel nefasto sótano. Diego no tardo mucho en regresar, Ángela no dejaba de gritar angustiada en suplica de ayuda, a Diego le molestaban los gritos y para acallarlos, selló su boca con cinta aislante autoadhesiva. Uso un par de tijeras para cortarle la ropa y dejarla totalmente desnuda, luego, con un gotero, comenzó a verter lentamente gotas de ácido hidroclorhídrico, que es capaz de corroer el metal, vertía una gota en diferentes partes del cuerpo. La piel se derretía en efervescentes charcos de sangre y el ácido avanzaba lentamente hasta corroer la carne. El ácido era aplicado en las piernas, pechos, pezones, brazos, manos, abdomen e incluso en sus genitales. Los gritos enmudecidos por aquella cinta no se hacían esperar, el dolor y sufrimiento de la joven eran más que evidentes. Hecho esto, Diego la tomó por la cabeza y con un par de grapas, le clavó los parpados al cráneo haciéndole imposible el poder cerrar los ojos, esos bellos ojos azules. Tomó nuevamente el gotero lleno de ácido y sosteniéndole fuertemente la cabeza, le dejo caer un par de gotas en cada ojo. No hace falta decir que Ángela se retorcía de dolor; sus ojos comenzaron a derretirse al contacto con el ácido, aquel hermoso color azul desaparecía cuando un liquido blanquecino mezclado con sangre bajaban lentamente deslizándose por sus mejillas, espeso y viscoso al igual que baja la cera derretida al calor de la llama de la vela. Ángela comenzó a convulsionar, el dolor era demasiado abrumador para ella, las convulsiones se acompañaban de reflejos de regurgitación, pero a tener los labios sellados con la cinta adhesiva, el vomito no pudo salir y sus pulmones se llenaron de liquido. Ángela se ahogó en su propio vomito.
Al ver terminado su trabajo, Diego comenzó a cavar una segunda fosa en el sótano donde sepultaría a su nueva víctima. La tortura había durado tan solo ocho horas, acabo antes de lo pensado y se sintió de alguna manera frustrado al no tener más tiempo para hacer todo lo que hubiese querido. Ya había terminado con dos, ahora solamente le faltaba uno para cumplir su cuota.
Veintisiete días han pasado y la salud de Diego comienza a decaer, la neumonía va tomando fuerzas gradualmente, sabe que no dispone de mucho tiempo antes que su plazo se venza. No ha ido a su casa en semanas, ni siquiera salía de Casa Barrios, sabe que nadie lo busca, sus amigos a penas se dan cuenta de su desaparición sin darle mayor importancia, y su familia, pueden pasar meses sin tener contacto con ellos sin causarles la mínima preocupación. El está solo, lo sabe y siempre lo supo.


Esa mañana, a tres días de vencer su plazo estipulado, María, la encargada de la limpieza y mantenimiento de Casa Barrios, se hace presente para sus labores triviales. Ella no se percata de la presencia de Diego en la casa, hasta que este la sorprende por detrás golpeándole fuertemente la cabeza con un madero. María pierde el conocimiento y cae al suelo, ahora está a total disposición de Diego.

María es una mujer mucho más corpulenta que las jóvenes anteriores, por lo tanto a Diego le cuesta mucho más trabajo el maniobrar su cuerpo aun cuando este inconsciente. La despoja de toda vestimenta, pero al no poder bajar las escaleras del sótano cargándola, la lleva al jardín trasero. La sienta en el suelo de espaldas a un árbol, le ata las manos rodeando el tronco del mismo y ata también sus pies que quedan extendidos en el suelo; la amordaza fuertemente y se asegura que aunque despierte, no podrá emitir sonido alguno. Ya habiendo colocado a María en su lugar y tomando todas las precauciones pertinentes, la despierta al verterle un balde de agua hirviendo en todo el cuerpo. María se estremece y despierta con la piel profundamente enrojecida y como Diego lo había anticipado, al estar atada de espaldas al árbol y fuertemente amordazada, es incapaz de moverse o emitir algún sonido audible a más de un metro.
El estado físico de Diego era ya decadente, se veía muy limitado pues no podía realizar mayor esfuerzo físico. Tomó una navaja y comenzó a hacer pequeños cortes que no eran muy profundos en cada parte del cuerpo de María que a él se le antojara. La piel de María comenzaba a ampollarse debido a las quemaduras, el dolor de los cortes no eran nada en comparación al ardor de las llagas en todo el cuerpo. Diego observo su entorno y después de una corta búsqueda, fue a la cocina, de donde regresó con varias botellas, comenzó a verter litros y litros de miel de abeja sobre el cuerpo lacerado de María, hasta haber vaciado todas las botellas. Esto, hasta cierto grado, daba un alivio temporal al dolor de las quemaduras, pero lo maléfico de la obra era que la miel estaba atrayendo a un ejército de hormigas rojas. María se hallaba esclavizada junto a un enorme nido de hormigas, miles y miles de estas parecían hacer formaciones de batalla y desfilar hacia la miel vertida sobre el cuerpo de la mujer. Un ejército que lenta e implacablemente recogía su dulce botín, llenando a la vez de miles de dolorosas picaduras. El solo correteo de las hormigas sobre aquella piel tan irritada era ya insoportable. Las ampollas abiertas en la piel, facilitaban que la miel se introdujera en ellas, así como también lo hacía en aquellos cortes hechos anteriormente, esto provocaba a las hormigas a arrancar pequeños trozos de endulzada piel, trozos tan pequeños como la cabeza de un alfiler, pero tan dolorosos como arrancarse las uñas con los dientes.
Diego sabia que las hormigas poco a poco, terminarían con su trabajo y dejo a María a cargo de ellas. Abandono el lugar en busca de ayuda médica. Su tercer y última víctima estaba lista, aunque él realmente nunca la vio morir.
Él fue ingresado ese mismo día en el hospital local, la neumonía empeoraba a cada momento. Casi agonizante, recordó aquel numero 2999 – 1666, comenzó a llamar… nadie contestaba del otro lado. Se sentía estafado, él había cumplido con su parte del trato pero nadie más había cumplido con él. Los tres días pasaron y Diego perdió la batalla contra su enfermedad. Murió tal y como le habían vaticinado treinta días antes. Al morir, su alma comenzó el paseo por la sima. Después de su interminable descenso al foso se encontró con su negociador, aquel que le había ofrecido la inmortalidad y que a su juicio, no le había cumplido:
- ¿Qué estoy haciendo aquí? – Decía Diego con tono enfurecido – Yo debería estar vivo.
- No te precipites, María tardó tres días en morir y al final murió justo unos momentos antes que tú, solo quería estar seguro que cumplirías con el plazo. Además, para tener un cuerpo joven y eterno primero debías deshacerte de ese enfermizo que poseías.
- Yo he cumplido con mi parte, ahora cumple con la tuya y dame esos tres deseos
- Admito que lo has hecho, has cumplido aquí están tus tres deseos:
1. Tu alma es libre ahora, no le pertenecerá a nadie más que a ti.
2. Tendrás todo el dinero que necesites de aquí a la eternidad, al despertar solo debes buscar en el bolsillo derecho de tu pantalón y ahí lo encontraras.
3. Tendrás también juventud y vida eterna, poseerás tu embellecido cuerpo de 25 años, saludable y fuerte, jamás morirás ni envejecerás. Pero has de esperar tres días para esto pues a nadie le es permitido levantarse de entre los muertos antes de esos tres días.

Diego se notaba complacido, sabía que estaba obteniendo lo que tanto anhelaba; todo ese esfuerzo al fin estaba dando frutos. Permaneció en el limbo durante tres días, y como le había sido prometido, al tercer día despertó. Diego moría de ansias por encontrarse con su nuevo futuro.
Lentamente sus ojos se abrieron. La oscuridad era total. Su cuerpo se hallaba entumecido debido a la falta de movimiento. Poco a poco iba recobrando la vida y poco a poco también el horror se acrecentaba al infinito. Se hallaba encerrado en un espacio reducido, apenas y había espacio para él. Palpando desesperado a su alrededor pudo darse cuenta que su temor se estaba volviendo realidad. Las paredes acolchonadas con algodón y lino le comprobaban su realidad, se encontraba dentro de su ataúd, sepultado a tres metros bajo tierra. Desgargantes gritos de pavor y auxilio comenzaban a emerger de aquel cuerpo antes inerte, gritos que eran apagados por las paredes del ataúd, semejantes alaridos eran solo comparables con aquellos que sus víctimas habían hecho antes. En un atisbo de esperanza, comenzó a revisar sus bolsillos en busca de un teléfono… no encontró nada. Pero en la bolsa derecha de su pantalón había algo: una moneda de un centavo, no era ninguna fortuna, pero seguramente nunca iba a necesitar más que eso estando ahí adentro. A medida que el tiempo pasaba, el aire enrarecía, el oxigeno se acababa lentamente, esa no era una preocupación pues sabía que no podía morir; pero sin embargo, al agotarse el aire comenzó a asfixiarse lentamente, la falta de oxigeno en sus pulmones le hacía retorcerse de angustia en busca de una bocanada de aire, se sofocaba, pero la muerte no llegaba ni llegaría jamás. Estaba confinado a una agonía eterna de la cual le era imposible escapar, se asfixiaría por la eternidad. Se encontraba totalmente solo, como en toda su vida había estado; pero no por mucho, pues con el tiempo, los gusanos que se moverían debajo de su piel, serian la compañía que nunca lo abandonaría.
Diego quería pasarse de listo y beneficiarse egoístamente de la situación como lo había hecho en toda su vida, intentó aprovecharse de alguien que fue más listo que él, y al final creó su propia perdición pues sus deseos, al ser tan egoístas, le habían condenado, él nunca se dio cuenta que al pedir un deseo que no fuese para sí mismo, se salvaría de todo sufrimiento.
Sus tres deseos estaban cumplidos:
1. Vida eterna, jamás moriría.
2. Todo el dinero que podría necesitar
3. Su alma jamás le pertenecería a Dios o Demonio alguno, solamente a él de aquí a la eternidad.

martes, 4 de agosto de 2009

Prision Perpetua (Silent Hill 4)


Despierto un poco desorientado en mi habitación, pues el hedor a putrefacción ha logrado interrumpir mi sueño, me duele la cabeza, pero algo ha cambiado, este ya no parece ser mi cómodo y acogedor apartamento, el aire esta turbio y pesado y ¡¡las paredes!! Parecen ser de carne putrefacta, emanando ese penetrante hedor a muerte, casi parecen respirar, es grotesco. Me acerco a la ventana para intentar ver hacia fuera pero esta muy opaca y no deja ver nada, y al tocarla, me doy cuenta que ha dejado de ser vidrio y parece ser una piel densa y estirada, ¡¿Qué demonios es esto?!, salgo de mi habitación muy entubado por lo que estoy presenciando, me dirijo hacia mi sala de estar y el ambiente es aun mas lúgubre, comienzo a caer en la desesperación e intento salir del apartamento pero para mi asombro, me encuentro con la puerta de entrada encadenada desde adentro con cinco enormes candados que parecen estar hechos de huesos, esto me descontrola, comencé a tener una agobiante sensación de encierro y desesperación, pero no quería perder el control, siempre he sido una persona que sabe manejar sus emociones, así que me tranquilice tanto como pude e intente asimilar la situación.

Me di la vuelta y comencé a observar a mi alrededor, como queriendo encontrar una respuesta a lo que estaba pasando, pero lo único que pude ver eran unas extrañas figuras que se formaban en la pared, parecía como si un rostro desfigurado y con los tejidos expuestos intentar salir de ella, es escalofriante y a la vez repugnante.

Repentinamente, a mis espaldas, el televisor se enciende, pero no muestra nada, solo estática, intento apagarlo pero es en vano, intento desconectarlo pero no esta conectado, un escalofrío me recorre el cuerpo de pies a cabeza erizando todos los vellos en el camino. Intento no tomarle importancia mientras trato de comprender lo que esta sucediendo en este momento. Estoy seguro que es mi apartamento, son mis muebles, mis fotografías están colgadas en la pared, aunque todo parece tan grotesco, tan demoníaco, pareciera ser la guarida de algún repugnante demonio.

La peste no me deja pensar bien, siento que mi cabeza va a estallar, apoyo mi mano en la pared y me sostengo la cabeza con la otra mano, puedo sentir el palpitar de la pared entre mis dedos, me siento aturdido, luego comienzo a sentir que la textura de la pared cambia y se va volviendo mas viscosa, me alejo de ella rápidamente, veo como se forma un circulo negro en la pared que va creciendo como una mancha y comienza a emanar una viscosidad negra, emanando también mas pestilencia. ¡¡Pero que demonios!!, es una mano, una mano comienza a emerger de la pared, me quedo estupefacto sin poder creerlo, pero no solo es la mano sino un objeto con forma casi humana lo que esta saliendo de ahí. Es algo horrible y repugnante, tiene ese espantoso olor tan penetrante que podría olerlo aun si no tuviera nariz, esta bañado totalmente en lo que parece ser sangre coagulada y rodeado por esa negra viscosidad, sus tejidos internos están expuestos y casi no tiene piel, parece estar inflamado y en evidente estado de descomposición, el hedor a cadáver es asfixiante. Pero mi asombro es mayor pues parece estarse moviendo y emitiendo gemidos ¡¡Esta Vivo!! No puedo creer que esa cosa aun viva, el ser me vio, y ví como un ojo se le cayo, pero éste sólo se lo reacomodo y comenzó a moverse hacia mi, lo hacia casi arrastrándose, comenzó a ponerse de pie y venia hacia mi emitiendo esos tenebrosos gemidos que parecían de un dolor insufrible. Preso del terror que me invadía, di unos pasos hacia atrás y tropecé con una silla que estaba tirada en medio de la sala, pero pude ver con este ser se abalanzaba sobre mi justo antes de caer al suelo, mi cabeza golpeo contra el piso y quede inconsciente.


Despierto de golpe con un grito angustioso y mi cuerpo bañado en sudor, en mi cabeza están aun todas esas imágenes de horror, pero cuando reacciono me doy cuenta que estoy en mi cama, en mi habitación, un agudo dolor de cabeza acompaña mi mañana. ¿Habrá sido solo un sueño?, si, debió serlo, un sueño muy real, me digo esto a mi mismo tratando de convencerme pero la verdad, con poco éxito. Me levanto de la cama y me acerco a la ventana de mi cuarto, todo parece normal, como debe ser, veo hacia afuera y observo en la calle las personas caminando y los autos circulando. Algo me impulsa a tocar el vidrio de la ventana, es un sentimiento mezcla de curiosidad y temor, se que es ilógico, se que es vidrio, ¿que otra cosa podría ser?, pero, tengo que tocarlo, tengo que asegurarme. Me acerco y lo toco… nada, es vidrio, ya lo sabia, pero en mi interior suspiro aliviado.
Ahora más calmado, observo detenidamente a mí alrededor, todo es normal. Tocando las paredes me aseguro que son lo que son, sólo paredes. Esto aumenta mi incertidumbre de lo sucedido antes, pues en vez de tomar esa calma y normalidad de la que me encuentro rodeado ahora como una prueba que nada ha pasado, lo único que consigo es aumentar mi duda, me pregunto con cada vez mas recelo lo sucedido anteriormente, ¿Qué fue lo que pasó? ¿Habrá sido real o no?
Aun adolorido e intentando poner mis pensamientos en orden, salgo de mi habitación y voy hacia la sala, apoyo la mano en la pared, en el mismo lugar donde lo hice antes y… como lo esperaba, nada. Me acerco al televisor e intento encenderlo y como todo lo demás, nada pasa, con ironía pienso que si hubiese encendido me habría asustado pues tiene meses de estar averiado. Observo la pared, el mismo lugar donde antes había brotado ese repugnante ser que no quisiera recordar, solo observo, prefiero no tocar ahí. Varios pensamientos surcan mi mente, como que seria horrible terminar así como ese ser, ¿que habrá hecho en vida para tener un castigo tan cruel?. En ese momento, como un as de luz que atraviesa mi cerebro, una imagen llega a mi cabeza: la puerta de entrada, corro hacia ella, y quedo perplejo, petrificado ante a puerta , intento reaccionar pero mi cuerpo no responde, mis ojos observan la puerta, están fijos a la puerta. La imagen de la puerta y esos cinco candados me hela la sangre y me llena de horror, entonces no fue un sueño, fue todo real. Intento controlarme nuevamente y pensar en una explicación lógica para esto, ¡¡ Pero que estoy diciendo?, esto no tiene lógica, tengo que salir de aquí!!. En un arranque desenfrenado cuando el temor se convierte en furia, corrí hacia el cuarto de baño y tome un hacha que ahí guardaba, regrese a la puerta y comencé a golpear los candados una y otra vez, una y otra vez, así unas veinte veces, hasta que mi furia se había disipado, pero este sentimiento ahora se convertía en desesperación al ver que los candados se auto reparaban a si mismos de cada golpe que les había propiciado, comencé a golpearlos otea vez con el hacha intentando en vano cortarlos pero estos re regeneraban una y otra vez haciéndose mas gruesos cada vez, no podía hacer nada, estaba agobiado observando algo a lo que no podía combatir, me detuve y el hacha comenzó a hacerse mas pesada y solo la deje caer a un lado, luego me derrumbe sobre mi mismo cayendo pesadamente sobre mis rodillas, a los pies de aquella puerta con esos cinco malditos candados, estaba perplejo, conmocionado, rozando el borde de la locura ante la imagen de esos candados en la puerta frente a mi, el mensaje era claro: yo no saldría de ahí.


Bajo la vista y observo mis manos: están sangrando le di con tanta fuerza a los candados que mis manos se hirieron, la piel se abrió y comencé a sentir el dolor. Aun me dolía la cabeza. Me levante para ir al baño a intentar curarme. En la sala tropecé con una silla, la maldije y solo la deje ahí tirada sin darle más importancia. Luego abrí la puerta del baño, entre y cerré la puerta, aunque vivía solo siempre tuve esa costumbre. comencé a buscar vendas en las gavetas, mi cabeza me estaba matando, abro la llave del lavamanos y me dispongo a asearme, en ese momento levanto la vista y veo el espejo frente a mi; algo no esta bien, mi rostro, me veo muy demacrado y casi cadavérico, yo no soy así ¿la condensación en el espejo no me deja ver bien?, acerco mi mano y lo limpio, pero ¡¡Mi Mano!!, tiemblo al ver mi mano pues puedo ver los huesos y tendones en su interior, y yo pensaba que era una simple cortada, con horror veo mi rostro en el espejo, no se como describir lo que ví, este dolor de cabeza no es solo una jaqueca, es un hoyo en mi cráneo, mi cerebro esta expuesto, ahora lo recuerdo, recuerdo por que me duele la cabeza, puse un arma en mi boca y dispare, la bala salio por la parte superior de mi cabeza, pero ¿no morí? ¿como?. Ese olor otra vez, el olor a muerte me invade otra vez, no, yo debería estar muerto, el ambiente alrededor mío comienza a cambiar, las paredes comienzan a transformarse en una masa de carne podrida y viscosa y se puede sentir como lentamente comienzan a palpitar rítmicamente como un corazón acelerado. Me veo a mi mismo y observo como la piel de todo el cuerpo se contrae y se abre, es en extremo doloroso, la sangre se coagula casi al instante y mis músculos comienzan a podrirse; la carne se me cae a pedazos dejando ver mis costillas y mi abdomen se abre dejando escapar mis víceras, nunca creí decir esto pero mis intestinos se salían de mi y tenia que sostenerlos con lo que aun me quedaban de manos para que no cayeran al piso, mi cuerpo se estaba descomponiendo y es un dolor inimaginable.


Volví a ver el espejo nuevamente pero ahí ya no se reflejaba mi imagen, sino más bien, se veía una escena como en un canal de televisión, pero lo que ahí se reflejaba era una imagen de mi cuarto, y ahí estaba yo, acostado en la cama antes de haberme disparado en la cabeza. Di un paso hacia atrás y me topé a la pared, mejor dicho, me pegué a la pared pues los fluidos de mi cuerpo descarnado se pegaron de una asquerosa manera a los viscosos fluidos de la pared tras de mi, ahora convertida en una masa de carne podrida y palpitante. Pero no solo me había pegado a la pared, sino que sentía como esta me halaba mas y mas y no podía escapar hasta que me absorbió totalmente y me encontré dentro de esta palpitante pared, me sentía asfixiado, rodeado de una materia viscosa y oscura, esa sustancia se metía en mi boca y nariz y por todas las partes de mi cuerpo ahogándome sin llegar a morir. comencé a luchar para salir de ahí, luego de mucho esfuerzo logré sacar una mano, era mi esperanza de salir de ahí, comencé a luchar nuevamente, ahora con mas ahínco para poder liberarme y poco a poco pude ir escapando de la pared hasta que caí al suelo, bañado en esa sustancia negra y viscosa, pero extrañanemte ya no me encontraba en el cuarto de baño sino en la sala de mi casa, de alguna manera me había desplazado dentro de la pared hasta llegar a la sala de estar, no sabia como, pero la verdad en ese momento esa no era mis prioridades, lo único que quería era que esa pesadilla acabara.


En el momento que caí al suelo desde la pared, levante la cabeza y pude ver a una persona que estaba ahí, quise levantarme pero un ojo se me cayó, me lo reacomode e intente acercarme a esa persona para pedirle ayuda pero mis cuerdas vocales estaban tan dañadas que de mi garganta solo salían unos espantosos gemidos, me asuste al escucharme a mi mismo, luego de esto pude ponerme de pie y con mis dos ojos bien puestos en sus respectivos lugares, pude ver a la persona que estaba parada frente a mi, y para mi asombro, era yo, ¿como era posible eso?, en cualquier otra circunstancia no lo hubiera creído pero ahora lo comprendía bien, ese era yo varios momentos antes cuando tuve esa mala experiencia que creía había sido un sueño, aunque no era nada en comparación a lo que estaba pasando ahora. Debía prevenirme de no suicidarme y lo intente, me acerque a aquel que era yo para advertirle o advertirme de lo que estaba sucediendo, pero una vez mas cuando abrí la boca solo salio ese macabro gemido de mi, y él se asustó, retrocedió y tropezó con una silla que estaba tirada en medio de la sala, se golpeo la cabeza contra el piso y quedo inconsciente ¡¡esa maldita silla!!. Intente reanimarlo pero fue en vano así que lo levante y lo llevé a la cama justo a tiempo pues al momento de bajarlo un brazo se me desprendió.
Lo observe detenidamente por un momento, y ví su cabeza, estaba abierta, definitivamente no era por la caída, ya se había disparado, estaba muerto, recuerdo eso, recuerdo que lo primero que hice al despertarme fue dispararme en la cabeza, lo estaba viendo otra vez, no llegue a tiempo para advertirme de no hacerlo.

Un poco mas calmado, lleno de enojo y resignación por lo que me estaba sucediendo, recogí mi brazo y salí de ahí, me dirigí hacia la puerta y con sorpresa ví como los candados se abrían, las pesadas cadenas que sellaban la puerta cayeron al suelo, quería abandonar todo eso y dejarlo atrás, al fin podría liberarme, y entonces, lentamente con la única mano funcional que me quedaba abrí la puerta y la atravesé pero no era lo que yo esperaba, en realidad no estaba saliendo de mi apartamento, sino, entrando nuevamente, con la única diferencia que ahí todo se veía normal, la entrada a uno era la salida a otro era como estar al otro lado del espejo, donde la puerta marcaba la diferencia, cuando atravesé la puerta por completo mi mano se quedó adherida a ésta desde el hombro y se cerro tras de mi. Uno a uno comenzaron a aparecer los cinco candados que la sellan y mi mano que estaba ahí adherida comenzó a convertirse en un candado mas, son seis, ahora la puerta se sello con seis candados, al ver esto abandone toda esperanza y me deje caer al suelo, ahí tendido comencé a sentir como las pocas partes que aun colgaban en mi cuerpo se desprendían de mi y se fusionaban con el piso hasta que este se convertía en carne, y esa mancha de carne se fue agrandando poco a poco hasta alcanzar las paredes y el cielo falso, luego, cuando mi corazón se desprendió y cayo al piso, el lugar completo cobró vida, y las paredes poco a poco comenzaron a palpitar. Mi apartamento se había convertido en un lugar lúgubre, con el aire denso y viciado como la guarida de algún repugnante demonio. Mi apartamento cobro vida, pus yo le brindé la mía.


Despierto un poco desorientado en mi habitación pues un hedor a putrefacción interrumpió mi sueño, me duele la cabeza, pero algo ha cambiado…


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